Fue un 21 de mayo cuando corroboré que la grandeza del toreo reside en que un solo lance es capaz de compensar muchos días de aburrimiento en el corazón del aficionado. Verónicas, medias y chicuelinas que quedarán marcadas a fuego en mi recuerdo durante años y que traspasan la línea de lo tangible para entrar en el campo de lo metafísico. Unos sentimientos inenarrables, una tarde de mayo abocada, en principio, al fracaso pero que gracias a un sevillano bohemio pasará a la historia del toreo. En este caso, el premio de una oreja -que de no ser por el acero hubieran sido dos- pasa a un segundo plano, quedó en pura anécdota. Qué bonito es ver torear bien. Qué pedazo de torero es este Morante que ha conseguido hacerme soñar despierto gracias a su forma de crear arte, verdadero aliciente que alimenta el espíritu del aficionado.
sábado, 23 de mayo de 2009
Lances que te hacen soñar despierto
Fue un 21 de mayo cuando corroboré que la grandeza del toreo reside en que un solo lance es capaz de compensar muchos días de aburrimiento en el corazón del aficionado. Verónicas, medias y chicuelinas que quedarán marcadas a fuego en mi recuerdo durante años y que traspasan la línea de lo tangible para entrar en el campo de lo metafísico. Unos sentimientos inenarrables, una tarde de mayo abocada, en principio, al fracaso pero que gracias a un sevillano bohemio pasará a la historia del toreo. En este caso, el premio de una oreja -que de no ser por el acero hubieran sido dos- pasa a un segundo plano, quedó en pura anécdota. Qué bonito es ver torear bien. Qué pedazo de torero es este Morante que ha conseguido hacerme soñar despierto gracias a su forma de crear arte, verdadero aliciente que alimenta el espíritu del aficionado.
miércoles, 18 de marzo de 2009
Cuestión de supervivencia
Lo que empezó siendo un lujo de las figuras ahora es un hecho habitual asumido por profesionales, aficionados y autoridades que miran para otro lado ante la ineficacia de los mecanismos de sanción que tienen a su alcance. La mayoría de los ganaderos asumen el riesgo de afeitar sus toros con tal de que los lidien las figuras y así poder estar dentro del circuito comercial. Como le escuché explicar a Víctor Mendes hace pocos días en un coloquio: “Es como ir en un Ferrari a doscientos por hora en una autopista y cuando te para la policía sólo te sanciona con cien euros. En este caso uno paga ese peaje y sigue a la misma velocidad. Pues lo mismo ocurre con las multas a los ganaderos, son irrisorias”.
Mendes reconoce que él ha lidiado una gran cantidad de toros afeitados y, a pesar de que se posiciona del lado del aficionado, seguro que es el primero en exigir esta práctica fraudulenta para los toreros que apodera. Es una cuestión de supervivencia, de minimizar riesgos o, mejor dicho, de tranquilidad para el que se pone delante del toro. En realidad la manipulación de las astas, en caso de cornada, agrava la herida ya que el pitón tiene un mayor grosor haciendo que el percance sea en términos médicos más “sucio”. La clave del afeitado está en que le quita al toro el tacto a la hora de cornear, igual que si a un gato le cortamos la punta de las uñas no calcula bien la distancia al arañar.
Con todo esto pretendo exponer una circunstancia real y cotidiana en el mundo del toro, sin menospreciar el riesgo que supone enfrentarse a un animal bravo. El afeitado está a la orden del día pero las cornadas también y, por tanto, no es cuestión de que ahora nos rasguemos las vestiduras. Obviamente, como aficionado y como informador taurino mi obligación es apostar por la integridad del espectáculo al cien por cien. Algo que, permítanme que les diga, me parece una quimera, al igual que ocurre en cualquier otra actividad donde esté el hombre de por medio.
miércoles, 4 de marzo de 2009
Debemos mirar más a Francia
Soy de la opinión de que para progresar es bueno mirar a nuestro alrededor y analizar al vecino que tenemos en frente. Aplicando esta fórmula al toreo les puedo asegurar que aún nos queda mucho que aprender de los franceses. No piensen ustedes que uno ha visto muchos festejos en plazas del sur del mencionado país, pero sí he leído bastante y me une amistad con grandes aficionados galos que me han transmitido su forma de sentir el toreo.
Obviamente, desde fuera se ven las cosas muy bonitas y, como dice el refrán, no es oro todo lo que reluce, sin embargo, creo son dignos de admiración por diferentes motivos que saltan a la vista. En primer lugar, como dije antes, es loable la resistencia que tienen los aficionados franceses a los abolicionistas del toreo, motivo que les hace más fuertes en sus convicciones taurinas.
El sistema de poder en la Fiesta en Francia es completamente opuesto al establecido en nuestro país. Allí existe una autoridad descentralizada, con tres modelos de explotación de los cosos: Mediante autogestión del propio Ayuntamiento; mixto, con comisiones de aficionados que mandan sobre una empresa privada; o privado, menos implantado y más habitual en las plazas del sudeste. En Francia sólo tiene competencias sobre el espectáculo la municipalidad y el aficionado juega un papel fundamental en la toma de decisiones.
En el año 1966 se creó la Unión de Ciudades Taurinas de Francia organismo formado por los alcaldes de las ciudades con esta tradición gracias al cual el espectáculo ganó más integridad. Al finalizar cada temporada la Unión de Ciudades Taurinas se reúne para analizar el desarrollo de los festejos y torero que se haya “caído de un cartel” injustificadamente o ganadería que haya lidiado un toro afeitado, automáticamente serán vetados la temporada siguiente en todas las plazas del país. Sólo en contadas excepciones se ha incumplido este pacto tan efectivo basado en la moralidad y sin ningún mecanismo legal sancionador. En el año 2006 los organizadores de los festejos en Nimes hicieron caso omiso al veto impuesto a la ganadería portuguesa de Palha, lo que fue suficiente para su expulsión de la Unión de Ciudades Taurinas. Este ejemplo pone de manifiesto que se castiga al que comete el fraude de una forma tajante mediante un procedimiento sancionador efectivo. Como no puede ser de otro modo esta aplicación de la justicia se completa premiando de verdad al que triunfa, que tiene garantizadas sucesivas actuaciones en cosos franceses en unas condiciones acordes a sus méritos. Algo tan fácil a priori, recompensar a quien lo merece y sancionar al infractor, es la clave del éxito de un país que ha conseguido ser respetado por profesionales y aficionados.
En España la realidad es bien distinta. Aquí manda todo el mundo menos el que paga y menos la autoridad. A la hora de organizar el espectáculo los carteles se diseñan por puros intereses particulares. “Yo te pongo a tu torero en mi plaza y tú me pones al mío en la tuya”. Las figuras imponen las ganaderías que quieren lidiar y lacras como la manipulación de las astas están a la orden del día sin que nadie tome realmente cartas en el asunto.
De todo esto hablaré mañana en la décimo novena edición del Seminario de Equipos Gubernativos que tiene lugar en Algeciras. Tendré el privilegio de presentar a Araceli Guillaume Alonso, profesora titular de Historia de la Universidad La Sorbona de París, que profundizará sobre el modelo francés. Si tuviéramos más en cuenta esta forma de concebir el toreo les aseguro que nos irían mucho mejor las cosas.
domingo, 25 de enero de 2009
Juan Pedro Domecq, vanguardia en la crianza del toro
Se puede decir que Juan Pedro Domecq Solís es un hombre que ha revolucionado la crianza del toro bravo en las últimas décadas. Como él bien apunta, el toreo, al igual que todas las artes, evoluciona y es fundamental que los ganaderos también lo hagan de acuerdo a los tiempos. “Un ganadero tiene que estar atento a la evolución de la tauromaquia. Si no evolucionas con la tauromaquia, al final te quedas obsoleto. La dificultad que entraña ser criador de bravo es que no es una ciencia exacta, la selección va evolucionando con cosas imprevistas. Añadir lo bueno a lo bueno no tiene que dar siempre como resultado bueno”, comenta Juan Pedro.
lunes, 19 de enero de 2009
Por una tauromaquia adaptada a los nuevos tiempos
Parece que la tauromaquia o mejor dicho sus actores principales –toreros, empresarios, ganaderos- siempre se han mostrado reacios a adaptarse a los nuevos tiempos. Han sido muchas las críticas que en los últimos años han llovido sobre el toreo, tachado de ámbito elitista y hermético. Aunque me duela decirlo tengo que darles la razón a quienes afirman esto, y que conste que soy contrario a hablar en términos generales ya que siempre hay excepciones que confirman la regla. Hablo con conocimiento de causa porque desde mis inicios, hace unos diez años, mi carrera periodística ha estado ligada al mundo del toro. He tenido la suerte de entrevistar a personalidades de enorme prestigio y de publicar trabajos en prensa, radio y televisión, pero reconozco que me echo a temblar cada vez que tengo que producir una entrevista o un reportaje taurino.
En muchas ocasiones nos quejamos de cómo nos va. Es fácil echarle las culpas a los antitaurinos de los males de la Fiesta, pero gran parte de estos son provocados por nosotros mismos. No va con mi estilo dar nombres de toreros, ganaderos o empresarios que, a pesar de su buen hacer en sus respectivas facetas, con su actitud frenan que se difunda la buena imagen del toreo y todos los valores positivos que encierra. Desafortunadamente, me he encontrado con numerosas situaciones de desencanto profesional donde me han dado “con la puerta en la cara” cuando he intentado hacer algún trabajo periodístico. Tampoco me parece ni ético ni justo dar un concepto equivocado metiendo a todos en el mismo saco. Aunque parezca contradictorio casi siempre los más grandes son después los más humildes y los que mejor me han atendido en su trato personal. Tengo recuerdos de enorme gratitud hacia maestros como Curro Romero, Enrique Ponce, José Antonio Campuzano o Luis Francisco Esplá, ganaderos de la talla de Juan Pedro Domecq o los hermanos Eduardo y Antonio Miura o empresarios de la categoría de Pablo Lozano. Nombres destacados de la tauromaquia actual que me demostraron que ante todo son personas, en el más amplio sentido del término.
Volviendo al tema de la comunicación, hemos evolucionado bastante en los últimos años pero aún nos queda mucho camino por recorrer. Está claro que hoy día lo que no se comunica no existe y, por ello, es vital que los profesionales de la información taurina sepamos hacerlo correctamente y que los protagonistas se presten a ello. De una vez por todas, los que formamos parte de la Fiesta taurina debemos remar en un mismo sentido, siguiendo el equilibrio entre conservar todos los valores tradicionales del toreo, a la vez adaptándonos a las exigencias de la sociedad actual y apartándonos de lo rancio. Debemos luchar por que en los medios de comunicación se refleje una imagen de tauromaquia tradicional pero integrada socialmente y atractiva para los ojos de neófitos y de las nuevas generaciones. Sin lugar a dudas, el futuro del toreo está en saber transmitir la enorme riqueza que posee.
lunes, 3 de noviembre de 2008
La fortaleza mental del torero
Si echamos un vistazo a los medios de comunicación podemos observar que en las últimas fechas se vienen produciendo numerosos percances en los ruedos que copan todas las portadas. El final de temporada dejó imágenes realmente impactantes en la mente de los aficionados, como aquella cornada que pudo costarle la vida al novillero Pedro Marín en Valencia, la que sufrió el banderillero Manuel Bueno el día que se despedía de la profesión la tarde de los seis toros de Morante en Zaragoza, o la mediática lesión hepática de Cayetano tras una voltereta. En estos días es noticia la recuperación del matador extremeño Miguel Ángel Perera pero, sobre todo, destaca el escalofriante testimonio del banderillero Adrián Gómez que habla por primera vez tras el percance que le dejó en silla de ruedas el pasado 23 de junio en Torrejón de Ardoz. Resultaba sorprendente la serenidad con la que Gómez narraba en los micrófonos de la Cadena SER aquellos momentos en los que un toro le dejó tetrapléjico.
Este caso pone de manifiesto que los toreros “están hechos de una pasta especial” o, al menos, que tienen una fortaleza mental fuera de lo común. Digo esto con conocimiento de causa porque lo viví en primera persona con mi hermano, Conrado Gil Belmonte, matador de toros. Un 14 de julio de 1998 Conrado estuvo a punto de perder la vida en el coso francés de Fréjus después de que un toro le rompiera la femoral. Fue la cornada más grave de la temporada y, tras salvar la vida en primera instancia, los médicos lucharon intensamente durante una semana para que no perdiera la pierna donde tenía la herida. El pronóstico era desalentador: “Cornada en el triángulo de scarpa del muslo izquierdo con tres trayectorias. Una ascendente de 25 centímetros que perforaba la vena femoral y que desgarraba la safena, quedándose a 1 centímetro del intestino; otra de 15 centímetros que rompía el músculo sartorio; y una tercera trayectoria de menor consideración de 5 centímetros”. En resumen, el muslo destrozado y un complicado proceso de rehabilitación por delante ya que los doctores le dieron como mínimo un plazo de 3 meses para comenzar a andar. Imagínense que este percance le ocurre a un futbolista o a cualquier otro deportista. Por lo pronto cortaría la temporada. Bien pues, contra todo pronóstico, Conrado al mes de la cornada ya estaba corriendo y a los dos meses consiguió reaparecer. Increíble pero cierto.
Refiriéndose a este tema el prestigioso doctor don Ramón Vila, cirujano jefe de la plaza de toros de Sevilla, me explicaba en una entrevista que lo que diferencia a los toreros del resto de las personas es que “para ellos una herida por asta de toro es un motivo de orgullo”. Igual que el guerrero, el torero está mentalizado en todo momento para lo peor. Aquí es donde reside el valor del que se pone delante de un toro, se trata de superar el instinto de supervivencia que tiene todo ser humano, consiguiendo dejar las zapatillas clavadas en el albero en una situación donde lo lógico sería salir corriendo. Aún tienen más mérito aquellos matadores que vuelven a torear después de un percance. Siempre las cornadas dejan algún tipo de huella mental que, dependiendo de cada caso, se borrará en un mayor o menor tiempo. Podemos decir que las cornadas son la verdadera prueba de fuego por donde se va el valor de los toreros, causa directa por la que muchos se quedan en el camino.
lunes, 27 de octubre de 2008
Ganadero, alquimista de bravura
Los medios de comunicación siempre solemos hablar de las dificultades que entraña ser torero pero pocas veces analizamos la labor que realiza otra figura fundamental dentro de la Fiesta: el ganadero. Este vocablo cuando se aplica a la crianza de reses bravas adquiere un significado mayor, o al menos distinto, si lo comparamos con los propietarios de otro tipo de animales. Ser ganadero de toros bravos implica no sólo tener capacidad económica para adquirir y mantener en buenas condiciones las reses, sino también son necesarios muchos otros condicionantes. Factores como la afición, mejor dicho la pasión y la dedicación plena, así como un profundo conocimiento del toro bravo se deben unir a ese sexto sentido que posee todo buen ganadero y a la consabida suerte, siempre necesaria para todas las facetas de la vida.
Cada ganadero tiene en su mente un tipo de toro determinado. El denominador común de todos ellos es la búsqueda del espectáculo que, según el animal logrado, puede poseer tintes más dramáticos –en el caso de las denominadas ganaderías toristas- o más bellos, si el toro se cría buscando la plasticidad del toreo. Respecto a la pugna entre ganaderos “toristas” y “toreristas”, yo abogo por aquella cita que dice que “el mejor aficionado es aquél al que le entran más toreros en la cabeza” aplicándolo, en este caso, a las ganaderías. Soy de la opinión que no existe una verdad única de las cosas y que la cuestión está en encontrar un punto medio, “aurea mediocritas”, como diría Aristóteles. Pienso que todos los ganaderos tienen cabida dentro de la tauromaquia actual y de lo que se trata es que el animal tenga el carácter suficiente para crear espectáculo, bien siendo un colaborador o un adversario para el torero.
De lo que sí me posiciono en contra es de las medias tintas, del toro descafeinado, anodino y que sí supone un verdadero peligro para el espectáculo. Estoy convencido de que no existe ningún ganadero que pretenda conseguir este producto pero desgraciadamente sale al ruedo más de lo que debería. Como me comentó un día Juan Pedro Domecq, “en la selección no siempre un semental y una vaca de extraordinaria bravura dan como resultado un animal excepcional”. En este mismo sentido se muestra Salvador García-Cebada –propietario del hierro de Cebada Gago-, que “se da con un canto en los dientes” si le embistiera anualmente un 30 por ciento de la camada.
Otra de las dificultades más significativas del oficio de ganadero es que los resultados de una becerra que se aprueba hoy se verán en la plaza, como mínimo, dentro de tres o cuatro años, por lo que los errores en la selección se pagan bastante caros.
Por tanto, la bravura podemos considerarla un milagro donde tienen que coincidir innumerables condicionantes aleatorios para que se dé. Es una ansiada fórmula que debe ser descifrada por el ganadero, un auténtico alquimista que dedica su vida a este empeño.